Dentro de mi alma fue de mí engendrado 
un dulce amor, y de mi sentimiento 
tan aprobado fue su nacimiento 
como de un solo hijo deseado;

mas luego de él nació quien ha estragado 
del todo el amoroso pensamiento: 
que en áspero rigor y en gran tormento 
los primeros deleites ha tornado.

¡Oh crudo nieto, que das vida al padre, 
y matas al abuelo! ¿por qué creces 
tan disconforme a aquel de que has nacido?

¡Oh, celoso temor! ¿a quién pareces? 
¡que la envidia, tu propia y fiera madre, 
se espanta en ver el monstruo que ha parido!

Garcilaso de la Vega